CALDO O SOPA NEGRA
Este fue el alimento más apreciado en
Esparta: era repulsivo para el resto de los griegos.
Se trataba de un plato que no era apto para todos los
paladares: los espartanos lo amaban, pero resulta incomible para el resto de
los ciudadanos griegos.
¿Alguna vez te has preguntado qué comían los espartanos? A
lo largo de los siglos se ha estudiado lo que comían los romanos, los egipcios
o los griegos, así como otras antiguas civilizaciones.
En cuanto a su alimentación, comían sobre todo la conocida
como 'caldo o sopa negra', una especie de guiso hecho con sangre, vino y
vísceras, sobre todo de cerdo.
La alimentación en Esparta
¿Cómo era la alimentación de los espartanos? Su dieta estaba
centrada en la simplicidad y la eficiencia, sobre todo teniendo en cuenta que
su vida estaba centrada en ser buenos guerreros. En este sentido, los
espartanos se enfocaban en consumir alimentos que proporcionaran la energía y
la fuerza necesarias para mantener su estilo de vida centrado en las acciones
bélicas y en el entrenamiento militar.
Como se mencionaba, la dieta de los espartanos estaba
estrechamente relacionada con su entrenamiento militar. Se esperaba que los
espartanos mantuvieran una buena condición física y fuesen fuertes, por lo que
su alimentación estaba diseñada para apoyar estos objetivos.
El término "laconismo", que deriva de
"Laconia", una unidad regional de Grecia situada en el sureste de la
península del Peloponeso, se refiere a la práctica de decir mucho con pocas
palabras. Esto también podría aplicarse al enfoque de los espartanos hacia la
comida, que buscaban obtener los nutrientes necesarios con la menor cantidad de
alimentos posible.
En este sentido, cabe destacar que los espartanos
practicaban la llamada krypteia, donde los jóvenes tenían que sobrevivir por sí
mismos en la naturaleza, cazando y recolectando alimentos. Esto les enseñaba
habilidades de supervivencia y les ayudaba a desarrollar resistencia física.
Este tipo de pruebas eran uno de los principales motivos de que su alimentación
estuviera enfocada al entrenamiento.
La primera documentación de la existencia del caldo negro la
encontramos en una comedia del siglo V a.C. del poeta ateniense Ferécrates
titulada Los mineros. En esta obra una mujer regresa del inframundo y asegura
lo siguiente: "Todas las cosas del mundo de allá estaban mezcladas con
riqueza y formadas con toda bendición en todos los sentidos. Los ríos llenos de
gachas y caldo negro fluían por las calles con cucharas y todo, y los trozos de
queso también".
También menciona este plato el historiador Plutarco en su
Vida de Licurgo, escrita a finales del siglo I y principios del II d.C., en la
que el autor asegura que este plato era el más famoso de toda Esparta.
Sin embargo, como se ha señalado, este plato era repulsivo
para el resto de los griegos. De hecho, una anécdota cuenta que un rey del
Ponto (región de Asia Menor) quiso probar este famoso caldo negro y ordenó a un
cocinero espartano que se lo preparase. Sin embargo, el monarca lo consideró
sumamente desagradable. El cocinero respondió a la crítica del soberano que,
para disfrutar plenamente de esta receta, debía primero bañarse en el río
Eurotas (el río del Peloponeso que pasa por Esparta), queriéndole decir que
debía primero apreciar las costumbres y tradiciones espartanas, adaptándose a
su estilo de vida simple.
En la actualidad existen recetas parecidas al caldo negro en
diversas partes del mundo. Es el caso de la Svartsoppa, una sopa sueca hecha
con sangre de ganso. También la Czernina, una sopa polaca hecha con sangre de
pato, y el Dinuguan, un estofado filipino hecho con carne y sangre de cerdo,
guindilla y vinagre. Finalmente, la Yahuarlocro, otra sopa hecha con sangre y
vísceras de oveja.

